Una década de trayectoria en hostelería que nos ha traído hasta aquí
La historia de El Paseo no empieza en 2020. Empieza mucho antes, en otros bares, otros restaurantes, otras cocinas. Porque quien abre un bar no lo hace de la nada: lleva la hostelería en la sangre, la ha mamado en fogones ajenos antes de encender los propios.
Nuestros fundadores vienen de lejos en este oficio. Han trabajado en restaurantes de hotel, en cocinas de alto volumen donde se servían cientos de comidas al día, en bares de tapas y en pequeños locales de barrio donde cada cliente era un vecino. Han visto lo que funciona y lo que no. Han aprendido que un plato no es solo ingredientes: es ritmo, temperatura, sazón y cariño. Y que un bar no es solo cuatro paredes: es refugio, rutina, tertulia y segunda casa para muchos.
Ese bagaje —esos años de pruebas, errores y aprendizajes— es el verdadero cimiento sobre el que un buen día decidieron levantar algo propio. Primero con un pequeño bar en Vilafranca y, más tarde, con El Paseo: el sitio que siempre habían imaginado.
Restaurantes de hotel, cocinas de alto volumen, bares de tapas. Nuestros fundadores se formaron en todo tipo de fogones.
Con todo lo aprendido, llegó el momento de dar el paso. Un local con alma en Vilafranca, una cocina modesta pero bien equipada, y una idea clara: hacer lo que sabíamos hacer bien.
Con todo lo aprendido en restaurantes de hotel y bares de toda la vida, llegó el momento de emprender. Un primer local en Vilafranca, una cocina modesta pero bien equipada, y una idea clara: hacer las cosas bien, sin florituras pero con honestidad.
Después de años de experiencia con su primer bar, llegó el momento de crear algo más grande. Un local renovado en Vilafranca, con la misma esencia de siempre.
En cada bar donde trabajamos aprendimos que quien cruza la puerta no es un número. Es alguien que confía en ti para comer bien y sentirse a gusto.
Hacer 200 menús diarios te enseña a ser riguroso. Hacer tapas en un bar de barrio te enseña a ser creativo. Ambos extremos nos hicieron mejores.
El mejor cumplido que nos hacen es cuando un cliente dice: "me siento como en casa". Eso no se improvisa: se aprende con los años.
Sin atajos. Cada plato se prepara al momento con ingredientes frescos.
Te conocemos por tu nombre y sabemos cómo te gusta el café.
La buena mesa se disfruta con calma. Quédate todo el tiempo que quieras.
Comer bien no debería ser un lujo. Calidad a precios razonables.
"Ya venía al bar de antes, pero desde el cambio de dueño esto ha mejorado muchísimo. Las patatas bravas son las mejores de Vilafranca, sin discusión. Y el trato, de 10."
"El menú del día tiene una variedad buenísima, siempre con platos bien elaborados y todo riquísimo. Comes como en casa de tu abuela pero sin tener que fregar. Repito cada semana."
"Cuando vienen amigos de fuera, siempre los traigo aquí. Buen ambiente, todo riquísimo y un trato que te hace sentir como en casa. Así da gusto venir."