Décadas de experiencia en el sector que nos han traído hasta aquí
La historia de El Paseo no empieza en 2003. Empieza mucho antes, en otros bares, otros restaurantes, otras cocinas. Porque quien abre un bar no lo hace de la nada: lleva la hostelería en la sangre, la ha mamado en fogones ajenos antes de encender los propios.
Nuestros fundadores vienen de lejos en este oficio. Han trabajado en restaurantes de menú, en bares de tapas del centro, en cocinas donde se servían cientos de comidas al día y en pequeños locales de barrio donde cada cliente era un vecino. Han visto lo que funciona y lo que no. Han aprendido que un plato no es solo ingredientes: es ritmo, temperatura, sazón y cariño. Y que un bar no es solo cuatro paredes: es refugio, rutina, tertulia y segunda casa para muchos.
Ese bagaje —esos años de pruebas, errores y aprendizajes— es el verdadero cimiento sobre el que un buen día decidieron levantar algo propio. Algo que reuniera lo mejor de todo lo vivido.
Diferentes cocinas, diferentes fogones. Restaurantes donde se aprendía el oficio a fuego real: menús diarios para 200 comensales, barras que no daban tregua, fines de semana sin descanso.
Con todo lo aprendido, llegó el momento de dar el paso. Un local con alma, una cocina modesta pero bien equipada, y una idea clara: hacer lo que sabíamos hacer bien.
Con todo lo aprendido en dos décadas de oficio, llegó el momento de dar el paso. Un local con alma en Vilafranca, una cocina modesta pero bien equipada, y una idea clara: hacer lo que sabíamos hacer bien, sin florituras pero con honestidad.
Dos décadas después, El Paseo es lo que siempre quisimos que fuera. Un bar de los de siempre, donde el menú cambia cada día.
En cada bar donde trabajamos aprendimos que quien cruza la puerta no es un número. Es alguien que confía en ti para comer bien y sentirse a gusto.
Hacer 200 menús diarios te enseña a ser riguroso. Hacer tapas en un bar de barrio te enseña a ser creativo. Ambos extremos nos hicieron mejores.
El mejor cumplido que nos hacen es cuando un cliente dice: "me siento como en casa". Eso no se improvisa: se aprende con los años.
Sin atajos. Cada plato se prepara al momento con ingredientes frescos.
Te conocemos por tu nombre y sabemos cómo te gusta el café.
La buena mesa se disfruta con calma. Quédate todo el tiempo que quieras.
Comer bien no debería ser un lujo. Calidad a precios razonables.
"Llevo viniendo 15 años. Las patatas bravas son las mejores de Vilafranca, sin discusión. Pero lo que más me gusta es que siempre me reciben con una sonrisa."
"El menú del día es increíble por 10€. Comes como en casa de tu abuela pero sin tener que fregar. Repito cada semana."
"Cuando vienen amigos de fuera, siempre los traigo aquí. Bocadillos xxl, buen ambiente y precios que no asustan. Así da gusto."